Paraiso perdido
Paraiso perdido Que la luz y oscuridad en ronda permanente
Colman o abandonan, dando a todo el Cielo
Alternancia grata, como día con su noche.
Al surgir la luz, por la otra puerta
Obsequiosa ya penetra la oscurana, hasta su hora
De velar el Cielo, aunque allí la oscuridad bien puede
Parecer aquí el crepúsculo; ahora, pues, surgía el Alba
Tal cual es en Altos Cielos, ataviada de oro
Empíreo; ante ella desmayó la noche, alanceada
Por orientes rayos. Todo el llano entonces,
Que compactos escuadrones inundaban fúlgidos,
Carros, armas como en llamas y corceles ígneos,
En un eco de fulgores, alcanzáronle la vista.
Guerra percibió, guerra en ciernes, y halló
Que ya era bien sabido lo que él creyó noticia
Por portar: contento entonces se sumó
A las legiones fieles, que lo recibieron
Con deleite y fuerte aclamación, pues uno,
De los miles que cayeran, uno sólo,
Retornaba sin perderse. Al sagrado Monte
Lo llevaron entre aplausos, presentándolo