Paraiso perdido
Paraiso perdido La guardia mas hallados adormidos por quien temen,
Se incorporan y se cuadran antes aun de despertar.
Y no ignoraban la afligida situación
En la que estaban, ni eran insensibles al suplicio,
Mas la voz de su Caudillo pronto obedecieron,
Incontables. Como cuando la potente vara
Del Hijo de Amrán, el día infausto de Egipto,
Señaló oscilante el litoral llamando nube opaca
De langostas, que en el viento de levante hervían,
Y sobre el reino del impío Faraón cayeron
Como noche, atenebrando el país del Nilo[72]:
Tan innúmeros los Ángeles malignos
Aleteaban bajo el domo del Infierno,
Entre fuegos en lo alto, lo hondo y rodeándolos;
Hasta que les hace seña la enhiesta lanza
De su gran Sultán marcándoles el curso
Y con diestro equilibrio aterrizan
En el firme sulfuroso, abarrotando el llano.
Una multitud que ni el Norte populoso