Paraiso perdido
Paraiso perdido La invisible gloria de aquel que los hizo
En imagen de animal, ornado a menudo
Para ritos caprichosos plenos de pompa y oro,
Y a adorar a los Demonios cual Deidades.
Entonces conociéronlos los hombres por diversos nombres
Y en varios ídolos del mundo infiel.
Di sus nombres, Musa, como luego fueron[75],
Quién primero, quién postrero se alzó del ígneo lecho
Al llamado de su gran Emperador y, uno a uno,
Según sus méritos, a él llegaron en la yerma orilla
Mientras la promiscua turba estaba lejos.
Principales fueron los que, prorrumpiendo del Infierno
A buscar en tierra presa, osarían luego
Junto al Trono del Señor plantar sitiales,
Altares al costado de Su Altar, dioses adorados
Entre las naciones circundantes, desdeñando
Al Jehová tonante de Sión, entronizado
Entre Querubes; sí, y a menudo colocaron
En Su Templo sus capillas respectivas
Y abominaciones; y con cosas execrables
Profanaron ceremonias santas y solemnes fiestas,