Paraiso perdido
Paraiso perdido Las desdeñan, no importándoles la ajena alteza:
Otra guerra pues no habré de darles”.
»Así habló el Hijo y en terror cambió
Su rostro, muy severo para ser mirado
Y de rabia lleno contra tales enemigos.
Al tiempo aquellos Cuatro alas desplegaron esteladas
De terrible sombra inconsútil, y los orbes
De su Carro atroz rotaron como con ruido
De corrientes torrenciales o hueste numerosa.
A sus impíos enemigos atacó directo,
Lóbrego cual noche; bajo sus ardientes ruedas
El Empíreo inalterable trepidó de extremo a extremo,
Todo menos del Señor el Trono. Estuvo
Pronto entre enemigos, aferrando con la diestra
Diez mil truenos, que lanzó precediéndole
A infligir tormentos en las almas adversarias;
Aturdidos éstos, toda resistencia abandonaron,
El coraje entero; les caían inútiles las armas.
Sobre yelmos y broqueles y cabezas enyelmadas
Él pasó de Tronos y Querubes doblegados