Paraiso perdido
Paraiso perdido Que querían las montañas arrojadas contra ellos
Otra vez, por protección contra su ira.
Y no menos tormentosas les llovían
Sus saetas de los Cuatro cuatrifrontes,
De ojos guarnecidos, y de las vivientes ruedas
Guarnecidas por igual con copia de ojos.
Un Espíritu reinaba en todos y cada ojo
Rayos emitía y disparaba fuego pernicioso
A los malditos, marchitándoles la fuerza,
Del vigor habitual drenándolos, dejándolos
Exhaustos, lánguidos, desalentados, flojos.
La mitad de su poder usó no obstante sólo;
Refrenó su Trueno porque no quería
Aniquilarlos, sino echarlos de los Cielos:
A los caídos los alzó y, cual rebaño
De carneros o hato temeroso apretujado,
Fulminados los llevó, acuciándolos
Con pánicos y furias hasta el límite,
El Muro de Cristal del Cielo que, de par en par,
Rodó hacia dentro, revelando una ancha boca
Al Abismo yermo. La monstruosa vista
Les incita a receder, mas miedo aun peor
Les urge por detrás y saltan de cabeza
Por el filo del Empíreo, mientras ira eterna
Arde en pos de ellos hasta lo insondable.