Paraiso perdido
Paraiso perdido El arrobo hasta que el clamor salvaje sofocole
Voz y arpa, y no pudo defender la Musa
A su hijo[249]. Así no falles tú a quien te implora,
Pues tú eres celestial: ella sólo un sueño.
Di, Diosa, qué siguió después que Rafael,
Afable Arcángel, exhortase a Adán
Por medio de terrible ejemplo a evitar
La apostasía, relatándole lo que ocurrió en el Cielo
A los apóstatas, que nada parecido le ocurriese
En el Paraíso a Adán o a su linaje,
—Con deber de no tocar el prohibido árbol—,
Si transgredían, desdeñando ese solo mandamiento
De tan fácil obediencia entre tanta suerte
De sabores para complacer el apetito,
Aun voluble. Él con Eva su consorte
Escuchó la historia atento y se colmó
De admiración y de hondo sentimiento al oír
De cosas tan extrañas y tan altas, cosas
Inimaginables, como el odio en las Alturas
Y la guerra tan cercana a la paz de Dios, en beatitud