Paraiso perdido
Paraiso perdido Realizando obras ya de amor, ya hostiles.
Por ellos la Estirpe de Israel abandonó a menudo
Su Fuerza Viva, y dejó desierto
Su altar legítimo, postrándose humilde
Ante ídolos bestiales; y por ello sus cabezas,
Humillándose lo mismo en la batalla, se rindieron
A la lanza de enemigos despreciables. Vino en tropa
Con éstos Astoreth, llamada por Fenicia
Astarté, del Cielo Reina, con sus cuernos alunados:
A su imagen esplendente, en las noches bajo el astro,
Vírgenes sidonias le brindaban votos y canciones;
No ignorada en Sión tampoco, donde ostentaba
Templo en la insultante loma, construido
Por aquel uxorio Rey[80] que, aunque de alma vasta,
Embelesado por idólatras hermosas, se hincó
Ante ídolos inmundos. La seguía Tamuz,
Cuya herida estacional en Líbano tentaba
A las mozas sirias a llorar por su destino