Paraiso perdido
Paraiso perdido Con suave remolino. Y ni roca o monte las frenaban:
Ellas bajo el suelo o con rodeo amplio
Avanzando serpentinas, encontraban el camino
Y en el limo aguado íntimos canales esculpían:
Fácil, antes de que Dios secase el suelo todo,
Menos dentro de esos cauces donde ríos ahora
Corren, y perpetuos portan húmedo cortejo.
Al seco continente, tierra, y al gran recipiente
De las aguas congregadas mar los llama.
Y vio que era bueno y dijo: “Dé la tierra
Hierba verdeciente, hierba gestadora de semilla,
Y árboles frutales que den fruto por familias:
Su semilla germinante yace en tierra”.
Apenas lo hubo dicho cuando la desnuda tierra
Hasta entonces nuda y yerma, fea e inadornada,
Generó la tierna hierba, cuya fronda engalanó
Su faz universal de plácido verdor; y luego
Plantas de diversa hoja, que de pronto florecieron
Desplegando sus colores y alegrándole