Paraiso perdido
Paraiso perdido Premura tanta que medida elude».
Esto dijo nuestro padre, y por su rostro parecía
Deslizarse a intrincados pensamientos ponderosos.
Apartada de la vista, Eva al percibirlo,
Con modestia regia y gracia que inducían
A pedirle que de allí no se ausentase,
Dejó el asiento y fue a sus frutos y sus flores,
Para ver si prosperaban, germinaban, florecían,
Sus retoños, que viéndola llegar brotaron
Y tocados por su afecto ya crecían más contentos.
Mas no partió por no agradarle
Tal discurso, o no ser capaz su oído
De cosas elevadas: tal placer se reservaba,
Que explicándolas Adán ella fuese sola oyente;
Prefería narrador a su consorte
Más que al Ángel, y preguntarle a él
Amaba sobre todo, pues Adán interponía
Gratas digresiones, resolviendo controversias altas
Con caricias conyugales: de sus labios, no palabras