Paraiso perdido
Paraiso perdido Le gustaban solamente. ¿Dónde ahora hallar
Parejas tales, por amor unidas y mutua dignidad?
Con divina galanura se alejó,
Mas no desatendida, pues cual reina siempre
La escoltaba procesión de Gracias atractivas,
Disparando en torno a ella dardos de deseo
A ojos que quisieran no dejar de verla nunca.
Y Rafael, pues, a la duda expuesta por Adán
Benévolo y sereno, así le respondió:
«Que indagues o preguntes no te lo reprocho,
Pues como el Libro del Señor el cielo es ante ti,
En que leer sus Obras milagrosas y aprender
Sus estaciones, horas, días, meses, años:
Para comprenderlos, ya se mueva Tierra o cielo
Poco importa, si calculas bien; el resto
De hombre o Ángel hizo bien en ocultarlo
El magnífico Arquitecto, y no ofrece
Sus secretos al examen de ésos, que mejor
Harían admirándolos; o si arriesgan
Conjetura, él su urdimbre de los cielos
Deja a sus disputas, pues quizá la risa
Le despierten luego con sus raras opiniones
Vanas, cuando al fin modelen este cielo
Y calculen las estrellas: cómo explicarán