Paraiso perdido
Paraiso perdido Primogénitos y todos sus balantes dioses[84].
Último llegó Belial: Espíritu más lúbrico
No cayó del Cielo, ni otro más afecto
Al vicio por sí mismo; no tenía éste templo
Ni altar que le humease; pero ¿qué otro más asiduo
En los templos, los altares, cuando el sacerdote
Se hace ateo, cual los hijos de Elí, que de violencia
Y de lascivia la mansión colmaron del Señor?
En cortes y palacios reina él también
Y en urbes opulentas, donde el ruido
Del desmadre asciende sobre torres gigantescas,
Y las ofensas y el escándalo: y al apagar
La noche la ciudad, surgirán los hijos
De Belial, ahitos de insolencia y vino.
Testigos son las calles de Sodoma y aquella noche
En Guibeá, en que una puerta hospitalaria
Expuso a la mujer aquella y evitó peor estupro[85].
Éstos fueron los primeros en poder y jerarquía;
El resto fuera largo relatar, si bien famosos: