Paraiso perdido
Paraiso perdido Mas las esplendentes luminarias no son servidoras
De la Tierra, sino tuyas, habitante terrenal.
En cuanto al vasto círculo celeste, deja que proclame
La magnificencia del Creador, que construyó
Con amplitud y prolongó su línea hasta tan lejos,
Que vea el hombre que no vive en casa propia,
Edificio este exorbitante para que él lo llene,
Alojado como está en este su rincón, y el resto
Decretado para usos que mejor conoce Dios.
La rapidez de tales giros atribúyela,
Si bien incalculable, a su omnipotencia,
Que a substancias corporales puede conferir
Espiritual premura casi. Tú por lento no me tienes,
Pues partí al amanecer del Cielo,
Donde Dios reside, y antes de mediarse el día
Arribé al Edén, distancia inexpresable
Por pensable número. Mas digo esto,
Admitiendo la moción del cielo, por mostrarte
Nulo lo que a dudas te ha movido;
No es que yo tal cosa afirme, aunque así
Te pueda parecer, viviendo aquí en la Tierra.