Paraiso perdido
Paraiso perdido Dios, para velar sus miras al sentido humano,
Puso lejos los Cielos de la Tierra: la mirada terrenal,
Si las presume, puede errar en cosas soberanas
Sin lograr ventaja alguna. ¿Qué si fuese el Sol
El centro de este mundo, y el resto de los astros,
Incitados por su fuerza de atracción
Y por la propia, lo circundan con diversa danza?
De sus errancias, ahora altas, ahora bajas, luego ocultas,
Progresivas o retrógradas, o detenidas,
Seis ves tú[261], pero ¿y si séptimo con ellas
Al planeta Tierra, que tan fijo se diría,
Insensiblemente mueven tres mociones varias?[262]
Si no, a esferas diferentes se las has de atribuir,
Movidas a la inversa con transversos ángulos;
O bien al Sol ahorrarle su labor, y a la veloz
Girándula, nocturna y diurnal[263], oculta,
Se presume, más allá de las estrellas, rueda
De la noche y día; que no pide ser supuesta