Paraiso perdido
Paraiso perdido Torné enseguida al cielo atónitos mis ojos
Y miré un rato el amplio firmamento, hasta erguirme,
Por un súbito, instintivo movimiento, con un salto,
Como si tocarlo pretendiese, y derecho estuve,
Puesto en pie. Alrededor vi entonces
Monte, valle, umbríos bosques y solanas; vi
El líquido descenso de corrientes rumorosas; junto a éstas,
Criaturas que vivían, pululaban, iban o volaban,
Aves en las ramas gorjeando; todo sonreía,
De fragancia y dicha rebosó mi corazón.
A mí me examiné yo entonces, miembro a miembro
Me exploré, y anduve a ratos, y corrí también,
Con cuerpo elástico, según el brío me incitase.
Mas quién era yo, en dónde estaba, cuál mi causa,
Lo ignoraba; a hablar probé y hablé al instante:
Obedeció mi lengua y enseguida nominé
Las cosas que veía. “Tú Sol —dije—, bella luz,