Paraiso perdido
Paraiso perdido A obediencia presta. Bien hallamos, bien cerradas,
Las funestas Puertas y atrancadas fuertemente;
Pero oímos dentro mucho antes de llegar
Ruido, diferente del sonido de canción o danza,
De tormento, de lamento grande y furiosa rabia.
Contentos reascendimos a las costas de la Luz
—Así se nos mandara— antes del atardecer del Sabbath.
Pero ahora, tu relato; pues escucho tus palabras,
Que me placen tanto como a ti las mías».
Esto dijo la divina Potestad; repuso nuestro padre:
«Contar el hombre cómo se inició la vida humana
Es bien arduo, pues ¿quién sabe su principio?
El deseo de contigo todavía conversar
Me indujo. Cual recién despierto de hondo sueño,
Muelle me encontré tendido entre las flores,
En balsámicos sudores, que el Sol con sus fulgores
Pronto disipó, nutrido del rorante vaho.