Paraiso perdido
Paraiso perdido Respondió Rafael con celestial afecto:
«No torpes labios tienes, padre de los hombres,
Ni tampoco lengua inelocuente: Dios en ti
Sus dones ha vertido en abundancia,
Dentro y fuera, oh su imagen bella.
Hables o enmudezcas, toda gracia y hermosura
Te acompaña y cada frase, cada gesto crea.
Y de ti en los Cielos no pensamos menos
Que cual nuestro cosirviente, e inquirimos
Con placer en lo que Dios reserva al hombre:
Porque vemos que el Señor te honra, dando
Al hombre amor igual. Prosigue entonces,
Pues el día aquel sucede que estuve ausente,
Consagrado a un viaje raro y tenebroso,
Travesía muy distante, a las Puertas del Infierno.
Toda la legión marchaba (tal mandato el nuestro)
Para ver que nadie, espía o enemigo,
Del lugar partiera mientras Dios creaba,
Que, colérico por tan intrépida estampida,
No mezclase con creación la destrucción.
No es que aquéllos sin su venia intenten nada,
Mas nos manda a sus misiones eminentes
Por boato, como Rey Supremo, y por habituarnos