Paraiso perdido
Paraiso perdido Descendamos pues de pináculo tan alto
A región más baja, para hablar de cosas útiles,
Cercanas, de las que mención acaso surja
De algo que no sea impropio preguntar,
Con tu permiso, y que tu sólito favor otorgue.
Te he oído relatar las cosas ocurridas
Previas a mí mismo: óyeme contar
Mi historia ahora, que quizá tú desconozcas.
Y el día aún no termina: hasta entonces ya ves tú
Con qué excusa tan sutil intento retenerte,
Invitándote a escuchar mi narración, que fuera
Desatino, si tu réplica yo no esperase.
Pues sentado aquí contigo, en el Cielo me imagino,
Y más dulce le resulta a mi oído tu discurso
Que los frutos de palmeras a la sed y el hambre
Que contentan, terminada la labor, a la hora
Del festín: pues éstos sacian y enseguida llenan,
Aunque gratos, pero tus palabras, que divina gracia
Colma, no traen con su dulzura saciedad».