Paraiso perdido
Paraiso perdido Los habiten, en qué estado, condición, o grado;
Date por contento con las cosas ya explicadas,
Y no sólo de la Tierra, sino así del sumo Cielo».
A lo que Adán repuso, libre ya de dudas:
«Bien me has satisfecho, pura
Inteligencia celestial, Espíritu sereno,
Rescatándome de confusiones, enseñándome a vivir
De modo simple, sin perplejos pensamientos
Que interrumpan de la vida la dulzura; pues lejos
De ella ha puesto Dios toda ansiosa cuita,
Ordenando no afligirnos, salvo si nosotros
La buscamos con pensar errático y nociones vanas.
Mas la mente y fantasía son proclives a vagar
Sin freno, y de su vagar no hay término;
Hasta que advertida o por tanteo aprende
Que no el vasto conocer de cosas
Muy remotas, escondidas y sutiles, sino eso
Que delante hallamos, en la vida cotidiana,
Es sabiduría principal: el resto es humo,
O vacío, o ilusoria impertinencia,
Y en las cosas importantes, poco prácticos
Nos torna, inaptos, siempre inquiridores.