Paraiso perdido
Paraiso perdido Maña esta artificiosa o mediocre oficio,
No el que otorga con justicia nombre heroico
Al poema o la persona. A mí, en éstos
Poco diestro e ignorante, tema más excelso
Se me ofrece, suficiente por sí mismo para alzar
Tal nombre, a menos que este siglo rezagado,
Frío clima o quizá los años frustren el ascenso
Que pretendo; y bien podrían, si esta obra fuese mía,
No de aquella que la trae cada noche a mis oídos.
El Sol se había puesto y tras él el astro
Héspero, que porta —tal su oficio—
El crepúsculo a la Tierra, breve árbitro
Entre el día y noche; y de fin a fin ahora
El nocturno hemisferio al horizonte curvo entunicaba.
Satán entonces, que escapara hacía poco
De Gabriel, amenazante, partiendo del Edén,
Tras ahondar en la malicia y fraude, obcecado
En la destrucción del hombre, a pesar
De lo que en él pudiera recaer, volvió sin miedo.
De noche huyó y a medianoche retornó