Paraiso perdido
Paraiso perdido Tras rodear la Tierra, frente al día cauteloso,
Pues Uriel, del Sol Regente, percibió
Su entrada y advirtió a los Querubines
Que montaban guardia; de allí expelido
Con zozobra, siete noches sucesivas cabalgó
La oscuridad, tres veces la línea equinoccial
Circunvaló, cuatro cruza el carro de la Noche,
De polo a polo, atravesando los coluros;
A la octava retornó y, en la orilla adversa
A la entrada que guardaban los Querubes, encontró
Furtivo insospechada senda. Un lugar había,
Ahora no (y no el tiempo: el pecado trajo el cambio),
Donde el Tigris, a los pies del Paraíso,
Se sumía subterráneo en una sima, para alzarse
En parte como fuente junto al Árbol de la Vida.
Con el río se sumió y con él se levantó
Satán, envuelto en escalante niebla; busca luego
Dónde estar oculto. Ya explorara mar y tierra
Desde el Edén al Ponto, y desde el lago