Paraiso perdido
Paraiso perdido En los bosques de las islas y arbóreos litorales.
Así amparados y, pensaban, su vergüenza en parte
Revestida, pero no en reposo ni serenos,
Se sentaron a llorar. No sólo lágrimas
Llovieron de sus ojos: peores vendavales dentro
Empezaron a soplar, pasiones fuertes, ira, odio,
Desconfianza, suspicacia, desacuerdo, sacudiendo
El estado interno de sus mentes, calmo espacio antes
Y de paz repleto, agitado ahora y turbulento.
Pues no reinaba la razón y ya la voluntad
Desoía su saber, ahora ambas subyugadas
Al deseo sensual, que asaltando desde abajo
Al soberano raciocinio, reclamaba
Superior autoridad. Desde un pecho tan inquieto,
Adán, el tono y la figura enajenados,
Con palabras balbucientes a Eva retornó:
«Ojalá me hubieras escuchado y esperado,
Como te pedí, a mi lado, cuando ese raro anhelo