Paraiso perdido
Paraiso perdido Escogieron; no ésa renombrada por el fruto,
Sino una conocida por los indios hoy en día,
En Malabar y en el Decán[286], y que sus brazos tiende
Aparrándose ancha y larga, hasta que en el suelo
Arraigan las combadas ramas, e hijas crecen
Rodeando al árbol madre: sombra encolumnada
De alto domo y ecoantes corredores entre medio.
El boyero indio ahí a menudo, del bochorno huyendo,
Se protege al fresco y cuida de sus reses
Por troneras infligidas a la fronda: esas hojas
Recogieron, anchas como adargas amazonias,
Y con arte —el que tuvieran— las tejieron entre ellas
Por ceñirse la cintura, vana cobertura para culpa
Y tan atroz vergüenza: ¡qué distinto de la prístina,
Desnuda gloria! De éstos, no hace mucho,
Encontró Colón en las Américas, cubiertos
Con plumoso cinto, por demás desnudos y salvajes,