Paraiso perdido
Paraiso perdido Ten certeza pues. ¿Cómo miraré yo en adelante
Faz de Dios o Ángel, que con gozo y rapto
A menudo contemplaba? Esas formas celestiales
Cegarán ahora a las terrenas con su resplandor
Insoportable. O deberé vivir aquí,
En solitud salvaje, en algún oscuro calvijar,
Donde árboles altísimos e impenetrables
A la luz de estrella o Sol extiendan su sombraje vasto,
Pardo cual atardecer: cubridme pinos,
Y vosotros cedros, con ramaje innumerable
Ocultadme, donde nunca vuelva a verlas.
Mas ahora en este apuro, resolvamos
Qué mejor nos servirá para esconder,
Uno de otro, esas partes que parecen
Vergonzantes y se ven mal parecidas:
Hojas de árbol anchas, tersas, que tejidas entre ellas
Y ceñidas a nosotros, cubran nuestro talle
Y partes medias, que este intruso, la vergüenza,
No las vea, llamándonos obscenos».
Así lo aconsejó, y juntos penetraron
En lo espeso de los árboles. La higuera pronto allí