Paraiso perdido
Paraiso perdido Desde que cruzara el Tentador la Sima del Infierno.
Yo os dije entonces que él haría triunfar
Su pérfido mandado, que sería seducido el hombre
Y embaucado hasta perderse, aceptando la mentiras
Contra su Hacedor, sin que un decreto mío
Concurriese obligatorio para obrar su pérdida
O infundir acaso el más ligero impulso
A su libre voluntad, que a su propia inclinación dejé,
En ecuánime balanza. Mas caer cayó, y ahora
¿Qué, sino dictar mortal sentencia en contra
De su transgresión: la muerte ya anunciada un día,
Que él presume ahora vana y vacua,
Por no sufrirla aún, según temió,
Con súbita fulminación?; mas pronto encontrará,
Antes de que acabe el día, que la espera no es perdón.
La justicia no retornará cual desairado don.
Mas ¿a quién mandar para juzgarlos? ¿A quién sino a ti,
Hijo Virreinante? A ti te he transferido