Paraiso perdido
Paraiso perdido Todo juicio, ya en el Cielo, Tierra o el Infierno.
Enseguida se verá que intento que merced
Camine con justicia, al mandarte a ti,
Amigo y Mediador del hombre, designado
Su Rescate y voluntario Redentor: predestinado
Hombre como juez del hombre despeñado».
Así habló el Padre y desplegando fúlgida
Su gloria hacia la diestra, en el Hijo
La Deidad brilló sin velos: éste, en plenitud
De resplandor, a todo el Padre expresa
Manifiesto y divinamente dice dulce:
«Padre Eterno, tú eres quien decreta;
Yo, en el Cielo o Tierra, tu suprema voluntad
Realizo, por que tú en mí, tu Hijo bien amado,
Estés por siempre complacido. Iré a juzgar
Allí en la Tierra a estos pecadores; pero sabes tú
Que, sea el juez quien sea, lo peor en mí caerá
Cuando llegue el tiempo; tal mi compromiso
En tu presencia y —pues no he de arrepentirme—
Esto puedo por derecho: mitigarles su condena
Derivada en mí; así, de tal manera templaré