Paraiso perdido
Paraiso perdido No lejos de allí había un monte cuya cúspide temible
Eruptaba fuego y un rugiente humo; el resto era todo
Costra refulgente, signo indubitable
De que había en sus entrañas mena metalífera,
Secuela del azufre. Hacia allí con ala urgente
Voló una tropa numerosa, como pelotón
De zapadores que con pico y pala armados
Al campo regio se adelantan por cavar trincheras
O minar murallas. Los guió Mammón,
Mammón[96], el Ángel menos tieso que cayó
Del Cielo, pues incluso allí sus ojos, pensamientos,
Se inclinaban hacia el suelo, admirando más
Lo rico del celeste pavimento, su hollado oro,
Que toda cosa ya divina o santa disfrutada
En visión beatífica: también por él los hombres,
Los primeros, y por soplo suyo aleccionados,
Irrumpieron en el núcleo y con mano irreverente
Saquearon las entrañas de su madre Tierra