Paraiso perdido
Paraiso perdido O el Sofí bactriano de los cuernos del creciente
Turco, y deja todo devastado más allá
Del reino de Aladule en su retirada
A Tauris o Casbín[305], así estas huestes desterradas
El Infierno limitáneo lo dejaron despoblado
En no pocas leguas foscas, confluyendo
Con celosa guardia en su metrópolis, y ya esperaban,
En cualquier momento, al gran aventurero
Del periplo en nuevos mundos. El inadvertido,
Con plebeya estampa de Ángel militante
De bajísimo nivel, cruzó la multitud desde el portal
De aquel plutónico recinto e, invisible,
Ascendió a su alto Trono, bajo palio
De riquísimo tejido, que con regio lustre se elevaba
En la parte más conspicua de la sala. Se sentó
Y estuvo un rato viendo todo sin ser visto:
Al fin, cual de una nube, su cabeza refulgente
Y estelar figura se mostraron (o más brillante todavía),
Revestido de la gloria permitida que la caída