Paraiso perdido
Paraiso perdido Desde el sur y el Áfer negro con tonantes nubes
Desde Sierra Leona. Entre ellos, tan feroces,
Corren vientos de levante y de poniente,
Euro y Céfiro con ruido lateral,
Siroco y el Lebeche[320]. De este modo comenzó el estrago,
De las cosas no vivientes; mas primero la Discordia,
Hija de Pecado, entre los irracionales,
Implantó la Muerte por la fiera antipatía:
Bestia contra bestia tuvo guerra, ave y ave,
Pez con pez; dejando de pacer la hierba,
Devorarse pretendieron uno a otro. Poco al hombre
Respetaron: de él huían o con faz sombría
Lo espiaban al pasar. Éstas fueron, exteriores,
Las crecientes aflicciones, que vio Adán,
Ya en parte, aunque ocultas en tremenda sombra,
Él, librado a la tristeza, más doliente adentro,
En un mar sumido de pasiones tormentoso.
Y así aliviarse intenta con triste queja:
«¡Qué miseria tras la dicha! ¿Es éste el fin