Paraiso perdido
Paraiso perdido Así robada no nos salve del suplicio
Condenados a pagar, sino que tales actos,
Contumaces, al Altísimo provoquen
A tornar la muerte viva en ambos. Exploremos
Solución, por tanto, más segura, que yo diría
Ya vislumbro, recordando atentamente
Parte del dictamen, que herirá tu descendencia
La cabeza de la Sierpe: parco desagravio,
Si no implica, como creo, al gran antagonista,
Satanás, que en la serpiente concibió
Contra nosotros su artimaña. Aplastarle la cabeza[325]
Sí sería al fin venganza, y ello se frustrara
Si morimos, o si días infecundos resolvemos,
Cual propones. De este modo el adversario
Escaparía a su castigo, mientras en nosotros
El nuestro recaería duplicado.
No sigamos pues hablando de violencia
En carne propia o esterilidad porfiada,
Que nos hurta la esperanza y degusta sólo
Resquemor y orgullo, impaciencia y odio,
Reluctancia contra Dios y el justo yugo
Puesto a nuestros cuellos. Recuerda el dulce
Y compasivo temple al oírnos y juzgarnos