Paraiso perdido
Paraiso perdido Como vieron que lo hice con los Ángeles indignos;
Y quedaron, aunque firmes, aún más confirmados».
Terminó, y el Hijo dio señal ilustre
Al ministro fúlgido de guardia, que sopló
Su pífano, escuchado luego en el Horeb, acaso,
Cuando descendió el Señor y acaso nuevamente
Sonará llamando al Juicio Último[330]. El toque angélico
Inunda todas las regiones. De benditas frondas,
De sus sombras amaranto, fuentes, manantiales,
Aguas de la vida, desde allí donde se hallaban,
En gozosas compañías, los Hijos de la Luz
Veloces acudieron a la magna citación,
Tomando asiento allí. Desde el supremo Trono entonces
El Omnipotente expuso así su soberana voluntad:
«Oh Hijos, cual nosotros ha llegado el hombre
A conocer el Bien y el Mal[331], pues ha probado
Del prohibido fruto; que alardée, si quiere,
De saber del Bien perdido, del ganado Mal,