Paraiso perdido
Paraiso perdido Pues fuera más feliz bastándole saber
Del Bien en sí, del Mal en absoluto.
Ya se atrista, se arrepiente y contrito reza,
Tal le inspiro, mas por mucho que se duela
Yo su corazón conozco, qué voluble y vano
Si a sí mismo abandonado. Por que más audaz ahora
No codicie así también del Árbol de la Vida y coma,
Y viva para siempre, o que vive para siempre
Sueñe al menos, yo decreto desterrarlo,
Expulsarlo del Jardín a cultivar la tierra
De que fue formado, suelo este más acorde.
»Miguel, sea ésta la misión que te confío:
Selecciona, de entre todos los Querubes,
Flor de ígneos campeones, no suceda que el Demonio,
Ya sea por el hombre, ya por invadir
Vacantes posesiones, otra vez suscite estorbo.
Date prisa, y del Paraíso del Señor
Arroja sin pesar a la pareja pecadora,
Del terreno santo a los profanos, proclamando
Para ellos y su estirpe, desde ese instante,
Exilio perdurable. Pero, por que no desmayen
Al oír el triste edicto impuesto con rigor,
Pues los veo ya ablandados y con lágrimas
Penar su transgresión, oculta los terrores.