Paraiso perdido
Paraiso perdido De su gloria, y su paso adoro desde lejos».
A lo que así Miguel, benigna la mirada:
«Adán, bien sabes suyo el Cielo, y la Tierra toda,
No esta roca sólo; pues su omnipresencia colma
Mar y continente, el aire y toda especie viva,
Animado todo y temperado por virtud divina.
Él te dio la Tierra para poseerla y gobernarla,
Don considerable: no supongas pues
Que su Presencia queda a este cerco confinada
Del Paraíso o el Edén. Habría sido, acaso, éste
Sede tuya capital, de donde propagarse
Tus generaciones, y quizás aquí vendrían
Desde todo punto de la Tierra a celebrarte
Y venerarte, como gran progenitor.
Mas esta preeminencia la has perdido, trasplantado
A la morada en suelo llano, con tus hijos.
No dudes, sin embargo, que en llanura y valle
Mora Dios igual que aquí, y lo hallarás también
Presente y su presencia en muchos signos
Que contigo irán, aún envolviéndote