Paraiso perdido
Paraiso perdido Mas la plegaria, contra su absoluta voluntad,
No sirve más que un soplo contra el viento,
Que volviendo súbito sofoca a quien lo exhala.
Y por ello a este gran mandato me someto.
Me atrista sobre todo que, alejándome de aquí,
Oculto quedaré a su rostro, yo privado
De su faz bendita. Aquí podía frecuentar
Con apto culto, un lugar tras otro donde él
Se me ofrecía, y a mis hijos les diría:
“En este monte apareció, bajo este árbol
Fue visible, entre estos pinos oí su voz,
Aquí con él hablé, a la vera de esta fuente”.
Tanto altar agradecido le alzaría yo
De herboso temple, apilando cada piedra
Bien pulida del arroyo, en memoria,
O monumento, de las eras, ofreciéndole ahí
Aromáticas resinas, y los frutos y las flores.
En aquel submundo, ¿dónde buscaré
Brillantes sus visitas, o sus huellas hallaré?
Pues, aunque huí de él airado, ya devuelto
A vida duradera y prometida descendencia,
Grato ahora me es mirar aun la orla extrema