Paraiso perdido
Paraiso perdido El lugar que habite siéntelo tu suelo natalicio».
Adán entonces, recobrándose del frío ataque
Repentino y de nuevo en posesión de sus sentidos,
A Miguel palabras obsecuentes dirigió:
«Celestial, ya Espíritu entre Tronos, o de ellos
El más alto, pues por tu figura puedes parecer
Un Príncipe entre príncipes: gentil has dado
Tu mensaje, que pudiera herirnos pronunciado,
Y acabarnos realizado. Lo que todavía
De tristeza, postración y desespero, nuestra frágil
Condición podía soportar lo traen tus nuevas:
La partida de este sitio venturoso, nuestro dulce
Y recogido abrigo, último consuelo
Familiar a nuestros ojos, cuando todo espacio
Diferente desolado nos parece e inhóspito,
Un desconocido que nos desconoce; si creyese
Que plegarias incesantes cambiarían el decreto
De quien puede toda cosa, yo no dejaría
De cansarlo con mi asidua imploración;