Paraiso perdido
Paraiso perdido Llaman El Dorado[360]. Pero a vistas más sublimes
Despertó Miguel a Adán, quitándole la binza
De los ojos, que pusiera el falso fruto con promesa
De visión más clara; luego el nervio visual le purga,
Con eufrasia y ruda[361], pues tenía mucho que mirar;
Y tres gotas le instiló del manantial de vida.
Tan hondo penetró el poder de tales ingredientes
—Hasta el mismo núcleo de visión mental—,
Que cerrando Adán ahora los ojos a la fuerza,
Desmayó de súbito, en trance todos sus espíritus.
Mas gentil el Ángel, enseguida por la mano
Lo levanta y llama de este modo su atención:
«Adán, tus ojos abre ya y empieza por mirar
Las consecuencias de tu crimen primordial
En unos que saldrán de ti y jamás tocaron
El excluido Árbol, ni con la Serpiente conspiraron,
Ni pecaron tu pecado, mas de tu pecado viene