Paraiso perdido
Paraiso perdido Vista tan deforme ¿qué rocoso corazón las lágrimas
Por mucho contendría? Adán dejó ir su llanto,
Aunque no nacido de mujer; la compasión rindió
Al varón en él, sumiéndolo en sollozos un espacio,
Hasta que mayor firmeza dominó el exceso
Y, apenas recobrando el habla, retomó su queja:
«¡Miserable humanidad, qué caída y degradada,
Para qué funesto estado veo que te guardan!
Cuán mejor aquí nonata y terminada. ¿Por qué darnos
Vida que después así nos quitan? Mas bien,
¿Por qué impuesta de este modo? Pues, ¿quién,
Si supiera qué recibe, no preferiría rechazar
La brindada vida, o no querría pronto abandonarla,
Yéndose contento en paz? ¿Es que puede así
La imagen en el hombre del Señor, que fue creada
Tan erguida y bella, aunque luego pecadora,