Paraiso perdido
Paraiso perdido De rendirla, y esperar pacientemente
Mi disolución». Miguel repuso:
«Ni ames tú la vida, ni la odies; más bien vive
Cuanto vivas y, si poco o mucho, el Cielo lo dirá.
Prepárate para visión distinta ahora».
Miró de nuevo y vio llanura vasta, donde había
Tiendas de colores diferentes; junto a unas,
El ganado pasteaba; de otras, un sonido
Se escuchaba de instrumentos, un melódico
Tañer de flauta y arpa; y podía contemplarse
Al que cuerdas, tubos manejaba: su volátil toque,
Espontáneo en toda proporción aguda y grave,
Escapaba y perseguía de través la resonante fuga.
Uno había, en otra parte, que en la forja
Trabajaba y ya fundiera dos macizos bloques,
Hierro y cobre (hallados donde fuego accidental
Había devastado el bosque en cerro o valle,
Hasta las venas de la tierra, que después fluyera
Ardiente por grutesca boca, o bien traído por corriente