Paraiso perdido
Paraiso perdido Con ello el corazón de Adán, tan triste antes,
Mucho se animó y así expresó su gozo:
«Oh tú, que representas cosas por venir
Cual si presentes, Instructor divino: resucito
Tras la última visión, seguro de que el hombre vivirá
Con toda criatura, perdurando su semilla.
Mucho menos me lamento ahora por el mundo
Destruido de los pérfidos que exulto
Al ver hallado un hombre tan perfecto e íntegro
Que Dios otorgará erigir aun otro mundo
Por su causa y su ira toda olvidará.
Mas dime, ¿qué eran esas rayas de color arriba,
Distendidas cual si el ceño apaciguado del Señor?
¿O acaso sirven para atar, cual florida orla,
El fluido manto de esa misma nube acuosa,
Que no vuelva a disolverse y bañe el mundo?».
Y así el Arcángel: «Certera conjetura;
Así por voluntad su cólera revoca Dios,
Aunque pesaroso por crear al hombre depravado,
Grande el baticor, cuando al mirar abajo
Vio la Tierra llena de violencia y toda carne