Paraiso perdido
Paraiso perdido Descendía hacia lo hondo, donde se cerraran ya
Los surtidores como en las alturas las ventanas.
El arca deja de flotar, parece en tierra seca
Y varada firmemente en alta cima de montaña.
Y las cimas de los montes aparecen ya cual rocas;
Con clamor después las rápidas corrientes vuelven,
Hacia el mar en retirada, su furioso ímpetu.
Del arca entonces parte un cuervo al vuelo
Y, tras éste, mensajera más segura,
Vuela la paloma, una y otra vez, por si se ve
Árbol verde o suelo acaso en que posarse.
La segunda vez al retornar, el pico porta
Una rama de aceituno, signo ya de paz.
Enseguida suelo seco surge y del arca
Baja con su séquito el anciano patriarca.
Luego, con las manos levantadas, la mirada fervorosa
Y gratitud al Cielo, atisba en las alturas
Una nube aljofarada, y en la nube un arco,
—Perceptibles tres colores en alegres bandas—
indicándoles la paz de Dios y nuevo pacto.