Paraiso perdido
Paraiso perdido Para inspeccionar sus obras, pronto los descubre
Y desciende a ver tal urbe, antes que su torre
A las torres importune del Empíreo. Por escarnio,
En sus lenguas siembra división, borrando
Entero su primer lenguaje, que cambia
Por sonidos discordantes de palabras ignoradas.
Al instante, un horrendo farfulleo suena fuerte
Entre tales constructores. Uno llama al otro,
Nadie entiende nada; roncos y rabiosos al final,
Estallan cual vejados. Grandes risas tuvo el Cielo
Al mirar abajo y ver, grotesco, el alboroto
Y aun oír el guirigay. Así se abandonó la obra
Por absurda y fue llamada Confusión»[370].
A lo que Adán, paternalmente consternado:
«Oh execrable hijo, aspirar de modo semejante
A descollar de sus hermanos y asumir él solo
Usurpada autoridad, que Dios no le otorgó:
Él nos dio dominio incontestable sobre bestia,
Peces, aves, que legítimo ejercemos