Paraiso perdido
Paraiso perdido Por divina donación; pero al hombre de los hombres
No hizo Amo: ese título reserva para sí
Y deja libre del humano al ser humano.
Mas este usurpador no limita sus abusos
Sólo al hombre: al mismo Dios su torre funda
Asalto y desafío, ¡miserable! ¿Qué alimento
Portará que en las alturas pueda sustentarlo,
A él y su hueste temeraria, donde el aire ralo
Encima de las nubes sus entrañas burdas desleirá,
Hambreándolo de anhélito, si no de pan?».
A lo que así Miguel: «Bien aborreces
A ese hijo, que al sereno estado de los hombres
Arrojó disturbio, pretendiendo someter
La libertad de la razón; sabe, sin embargo,
Que tras tu caída original la verdadera libertad
No existe ya, pues hermanada vive siempre
A la íntegra razón, y ser aparte no posee.
Si del hombre se oscurece la razón, o es ignorada,
De inmediato los deseos desmedidos
Y pasiones sublevadas toman el gobierno