Paraiso perdido
Paraiso perdido De la mente, reduciendo el hombre a servidumbre,
Libre hasta ese instante. Así permite pues
En sus adentros que poderes reinen deshonrosos
Sobre, libre, su razón, Dios en justo juicio
Lo subyuga en lo exterior a crueles amos,
Que esclavizan a menudo inmerecidamente
Su visible libertad: tiranía la ha de haber,
Aunque nada de ello absuelva al opresor.
Pero a veces las naciones tanto decaerán
De la virtud, que es la razón, que no injusticia
Sino ley, y alguna maldición fatal adjunta,
De su externa libertad las privarán,
Perdida ya la interna: testigo el hijo irreverente
De quien hizo el arca que, por la vergüenza
Que infligió a su padre, oyó la dura maldición
“Servidor de servidores” contra su perversa raza[371].
Así este nuevo mundo, como el otro antiguo,
De lo malo irá a peor, hasta que Dios por fin,
Cansado de su gran iniquidad, retire
De entre ellos su presencia y aun aparte
Sus sagrados ojos, decidiendo desde entonces