Paraiso perdido
Paraiso perdido Los celestes fuegos; sobre esta tienda, una nube
Flotará de día, ígneo resplandor de noche,
Menos cuando viajen. A la larga llegan,
Conducidos por el Ángel del Señor a aquella tierra
Prometida a Abraham y su semilla[376], mas el resto
Largo ya sería relatar: batallas, ¡cuántas afrontadas!
Cuántos reyes destruidos, reinos conquistados,
O cómo el Sol se detendrá en mitad del cielo,
Todo un día, posponiendo la llegada de la noche,
Obediente a voz de hombre: “Sol, detente en Gibeón
Y tú, oh Luna, en el valle de Ayalón,
Hasta que Israel se imponga”[377]: llama así al tercero
Desde Abraham, de Isaac el hijo, y desde él
A toda su progenie, que Canaán conquistará».
Adán aquí intervino: «Oh Heraldo empíreo,
Alumbrador de mis tinieblas, gratas son las cosas