Paraiso perdido
Paraiso perdido Al oÃdo del mortal aterra y aquéllos rogarán
Que su Moisés transmita la voluntad divina,
Cesando asà el terror. Él concede lo que piden
Sabedores de que a Dios, sin mediador,
No existe acceso; y este egregio oficio ahora
Moisés lo prefigura, a fin de abrir la senda
De otro aún mayor, de quien predecirá su dÃa,
Y todos los Profetas en su tiempo la llegada
Del MesÃas cantarán. AsÃ, las leyes y los ritos
Ya fijados, tal deleite tiene Dios en hombres
A su voluntad sumisos, que consiente
En instalar su tabernáculo en medio de ellos,
El SantÃsimo morar entre mortales.
Por orden suya un santuario se construye,
—Cedro recubierto en oro— y dentro
Un arca y en el arca el Testimonio,
Los principios de su Pacto y, cubriéndolos,
De oro, un Propiciatorio entre las alas
De dos fúlgidos Querubes; arden ante él
Las siete lámparas, cual en zodiaco que expusiese