Paraiso perdido
Paraiso perdido Nunca vista en las alturas, manifiesta su llegada
Y conduce a sabios orientales, tras la pista
De este niño, a ofrecer incienso, mirra y oro.
Su lugar de nacimiento Ángel digno lo transmite
A pastores simples, en nocturna vela,
Que contentos pronto allí concurren, a escuchar
El cántico ofrecido por escuadra angélica.
Una Virgen es su madre, mas su padre
El Poder de Dios Altísimo: él ascenderá
Al Trono hereditario y pondrá a su reino por confines
De la Tierra el horizonte; a su gloria, los del Cielo».
Y cesó al percibir a Adán tan lleno de alegría
Cual dolor igual en llanto antes lo sumiera,
Casi sin palabras, que por fin logró exhalar:
«¡Oh Profeta de las gratas nuevas, portador
De la esperanza suma! Ahora entiendo claramente
Lo que aun con terca mente en vano investigué,