Paraiso perdido
Paraiso perdido Nos exige que partamos. Y mira los guardianes
Que emplacé en aquella loma, observa
Su despliegue a cuyo frente espada llameante
En señal de exilio ya tremola fieramente.
No debemos demorarnos; ve, despierta a Eva,
A quien también con dulces sueños he calmado
Que presagian bien, y todos sus espíritus dispuse
A una humilde sumisión. Tú, oportunamente,
Déjala participar de todo lo aprendido hoy,
En especial lo que concierne a su fe de conocer,
La gran liberación por su semilla que advendrá
(Por Semilla de Mujer) a la entera humanidad:
Que así podáis vivir —no escasos vuestros días—
Ambos juntos en fe unánime, aunque tristes
Por los males ocurridos, pero muy reconfortados
Cada vez que meditéis en el final feliz».
Terminó, y del monte descendieron ambos;
Descendido, Adán se apresuró al cobijo
Donde Eva se durmiera, mas la halló despierta ya.
Y así lo recibió, hablando sin tristeza: