Paraiso perdido
Paraiso perdido Por el terreno meteóricos, cual bruma vespertina
Que al subir del río cubre el tremedal deslidadiza,
Ocultando rauda el suelo tras los pasos del labriego,
Que camino va de casa. Iba en alto por delante
La blandida espada del Señor, fulgiendo
Fiera cual cometa que con tórridos ardores
Y humo semejante al aire férvido de Libia,
Empezaba ya a abrasar aquel templado clima;
Y así tomó de cada mano el Ángel presuroso
A nuestros padres tardos, y al Portal del Este
Recto los condujo; luego, con igual premura,
De la altura al llano sometido y vaneciose entonces.
Ellos, al mirar atrás, todo el lado oriente vieron
Del Paraíso, poco hacía su feliz morada,
Sobre la que ahora tremolaba aquella llama
Y cuya Puerta vigilaban fieras faces, armas ígneas.
Unas lágrimas vertieron, naturales, pronto limpias:
Tenían todo el mundo ante sus ojos, en que hallar
Remanso ameno, y la Providencia como guía.