Paraiso perdido
Paraiso perdido Estabas Tú presente y, con extensas alas poderosas,
Apalomado te posaste a incubar el vasto Abismo
Y lo hiciste fértil: lo que en mí es oscuro
Ilumínalo, lo que es indigno elévalo y sostenlo,
Que en la cumbre de este magno argumento
Pueda vindicar la Providencia Eterna
Y los caminos del Señor justificar ante los hombres[57].
Di primero, pues el Cielo nada oculta de tu vista,
Ni tampoco la hondura del Infierno, di primero
Qué empujó a nuestros Padres en aquel feliz estado,
Al que tanta gracia otorgaba el Cielo, a caer,
Quitándose de su Creador, e incumplir su Voluntad
Por una sola prohibición, del Mundo Amos si no.
¿Quién primero los indujo a la mísera revuelta?
La infernal Serpiente, él fue[58], cuya astucia,
Ponzoñosa de envidia y de rencor, engatusó
A la Madre de los Hombres, cuando su orgullo
Lo echó del Cielo con su hueste toda