Paraiso perdido
Paraiso perdido Del hombre la desobediencia, la primera, y del fruto
De aquel prohibido árbol cuyo deletéreo gusto
Trajo al mundo muerte y todos nuestros males,
Más la pérdida de Edén, hasta que un Grande Hombre[51]
Nos curó y recobró la venturosa Sede,
Canta, oh Celeste Musa, que en la secreta cumbre
Del Horeb, o el Sinaí, inspiraste a aquel pastor,
El primero en enseñar a la escogida grey[52]
Cómo Cielo y Tierra, en los comienzos,
Del Caos surgieron; o, si el monte de Sión
Te place más y el arroyo Siloé[53] que rápido
Fluía junto al oráculo de Dios, yo desde allí
Tu ayuda invoco para mi Cantar aventurado,
Que no con vuelo medio[54] quiere remontarse
Sobre el monte aonio[55], persiguiendo
Cosas no intentadas todavía en prosa o rima[56].
Y sobre todo Tú, oh Espíritu que antepones
A todo templo el corazón honesto y puro,
Instruyeme, pues Tú conoces: ya al principio