Semana Santa
Semana Santa Y oyéndole se revuelven y murmuran los sacerdotes, los fariseos, los saduceos; y odian más al Señor, porque no amándole ni creyéndole, tampoco renuncian a la recompensa, aunque sea del aborrecido.
Señor: venga a nosotros la alegría, la largueza, la sencillez y el ímpetu infantil del Samaritano; que nos sintamos, que nos encontremos a nosotros mismos hasta en la confusión del pecado.
Hoy, Lunes Santo, en la misa, el celebrante ha leído estas palabras del profeta de magnífica lengua:
— El que caminó en tinieblas, el que no tiene lumbre, espere en el nombre del Señor, apóyese sobre el hombro de su Dios.
Bien sabemos que han de venir desfallecimientos y postraciones; pero aparta de nosotros la maldición de la sequedad.
Se contrista el Señor pensando en su muerte, y exclama:
— Y si yo fuere alzado de la tierra, todo lo atraeré a mí mismo.
Entonces, los que le escuchaban se encogen de hombros y le dicen:
—Por los Libros Sagrados sabemos que el Cristo permanece para siempre; pues, ¿ cómo tú, que afirmas serlo, nos dices: que serás alzado, que serás quitado de nosotros?